Se acabó el ir y volver a Galicia. La trasna se ha metido, con sus cuatro meses, más kilómetros que muchos en toda su vida.
El domingo pasado la bautizamos. Fue un día perfecto. Pero eso para otro post.
Empezó el viernes. Yo esperando impaciente a la gente. Los primeros llegarían el sábado por la mañana: Salo y su Fer.
Habíamos quedado en Lugo city y yo aún tenía cosas que hacer. Llegué con la lengua fuera, nerviosa, sabiendo que este fin de semana sería único.
Y cuando vi a su Fer sentado en el banco aquel, pensé: “joder, no me pega para nada” xD. Un tour rápido por la ciudad, y vuelta a la aldea para empezar a zampar como cerdos.
Y después de comer que llegan los padres de Pablo y sus tíos. Yo ya nerviosa nerviosa, como esos niños que esperan a abrir sus regalos el día después de Reyes.
Un paseo por el bosque, mientras esperábamos al resto de Picpipol.

Y a las 7 que llega la picpipol. Rompiendo la tranquilidad del lugar y yo feliz como una lombriz. Que no me lo creía. No podía ver allí a Ana, al lado de un cerdito, o Alberto, con las montañas detrás.
Que era un cuadro curioso de ver xD.
En un momento, la casa se llenó de gente. El comedor se convirtió en una habitación. El baño echaba humo. Donde había silencio, se volvió en risas. Las mantas salieron de los armarios. Y mi primo, gallego-gallego (hospitalario como todos): “ni se os ocurra ir de tapas!!!!!! Ahora os quedais a cenar aquí!!!!!”.
Y Marquiños de viaje desde Ferrol, que no sabía como indicarle donde quedaba mi aldea. Mi estado de nervios ya no era evidente, era… que me daba algo.
Por suerte Marcos es un amor, que dijo lo que más necesitaba escuchar: “ehh, tranquila!!!” y yo pensé: “bien… ya puedo estar tranquila. Ahora dile que espere en Lugo, muerto de frío, a que terminemos de cenar”. Y Pablo: “Que le voy a buscar, que no te enteras!!!!!!”. Y de fondo: “Rooooo, donde hay más mantas?????” Y la trasna llorando. Y mi madre diciendo que les diera toallas. Y otros preguntando por el agua caliente. Y mi primo cortando jamón. Y Parisito colgado en Lugo. Y yo sin cambiar. Y habíamos quedado a las 9 en Lugo y eran las 9.15 y estábamos en la aldea.
Y…
Pero todo salió bien. Cada uno tomó posiciones. La trasna dejó de llorar. El que pedía agua caliente, se estaba duchando. Los otros inflaban colchones a toda prisa. Mi primo preparó la mesa. Pablo fue a por Marcos. Yo me pude cambiar.
Entró Roger y dijo: “te hago un masaje???” “siiiiiii”.
Y después, cena en casa de mis abuelos, que no cogía ni un alfiler. Risas, comida en cantidad, anécdotas del viaje, planing de la noche…
Y Marcos que llega y no cena nada, porque no me come nada este niño. Y no come, y está en los huesos, y cualquier día le enviaré un potaje, a ver si se lo zampa.
Por supuesto… todo salió bien. Salimos de fiesta y…
Esto lo contaré en el siguiente post!
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